Discurso a Guayaquil por sus Fiestas (7 ejemplos):

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  • Título: Discurso a Guayaquil por sus Fiestas (7 ejemplos)


    A continuación una recopilación de discursos en homenaje a nuestra "Perla del Pacífico" en sus Fiestas. Estas homilías te servirán de guía para la elaboración de tu propio discurso, en caso de que así lo necesites para exponer tus ideas en actos solemnes, protocolares, reuniones, homenajes, para tu escuela o colegio, etc.

    Discurso #1

    Saludamos un aniversario más de la Fundación de nuestra querida ciudad de Guayaquil, la del manso y caudaloso Guayas. Ciudad milenaria, de culturas llenas de sabiduría. Guayaquil de mis amores, la de los obreros y de los campesinos, la de los vendedores ambulantes, la de los mercados donde va la gente bella, llena de colores y alegría; la ciudad que tanto amor brinda a sus hijos, la que acoge a todos los que vienen, de la sierra, del campo, del extranjero, de todas partes, en todo momento, porque es una ciudad abierta, metropolitana, querible, amable; ciudad bella, cantada por los poetas, llena de gente culta y laboriosa, de este pueblo que ha vuelto a su vocación emprendedora, de la valentía de sus ancestros Huancavilcas que resistieron con dignidad, bravura, a la invasión española.

    Guayaquil es una ciudad abierta al mundo, que fue por siglos centro de balseros “Huancavilcas” (es decir, de gente hospitalaria, porque eso me dicen que significa la palabra “huanca-vilca”) Celebramos la memoria, no la conquista. Esa gente hospitalaria, al verse agredidos, demostraron ser gente digna, bravos defensores de su heredad. Por eso Guayaquil tuvo que ser “fundada” en varias ocasiones y en distintos lugares antes de establecerse en su ubicación definitiva.

    Conmemoramos un año más de lo que se ha dado en llamar la “fundación de Guayaquil”, pero como una fiesta de unidad y regocijo popular –insisto, no de conquista-; y, decimos “lo que se ha dado en llamar fundación”, porque antes de que nos fundaran, nuestros ancestros vivieron, amaron y generaron conocimientos, saberes y maravillas en este territorio, durante siglos.

    Celebramos gozosos, llenos de auténtico y profundo sentimiento patriótico, a los seres humanos bellos de nuestra “Perla del Pacífico”, que levantan con su esfuerzo, con su trabajo y sus ideas la dignidad a la altura de la historia, a la altura de los sentimientos más profundos, que nos hacen ser cada día mejores ecuatorianos.

    Celebramos la memoria viva, el Guayaquil encarnado en Rendón Seminario; en Julio Jaramillo, Joaquín Gallegos Lara, en Enrique Gil Gilbert, José De la Cuadra; en los romances de la “Guayaquileña bonita” de Abel Romeo Castillo, y el Cristo de nuestras angustias que enarbolaba el Padre Pepe Gómez Izquierdo.

    Honramos al Guayaquil trabajador, empresario, emprendedor, el de los barrios populares con sabor a buen café, la ciudad del astillero; la del Barcelona de Spencer; y, por sobre todo, está nuestro Guayaquil, el de los obreros masacrados, el de las “cruces sobre el agua”; el Guayaquil de los panaderos, artesanos y artistas de Las Peñas; de las menestras y los lagarteros, de los carpinteros, de los paseos por el estero.

    Guayaquil, perla codiciada del Pacífico Sur, ciudad de maravilla, que selló con la sangre, con el espíritu indómito de sus hijos, de una vez y para siempre la libertad. Ciudad, poesía, pueblo y canción, ciudad de todos, ciudad querida que corre por mi sangre, mía, mía como mi madre... con infinito amor.

    ¡Guayaquil con la Patria!
    ¡Viva Guayaquil!
    ¡Viva el Ecuador!

    Discurso #2


    Discurso #3

    Hablar de la historia de la Santiago de Guayaquil, es hablar de la historia misma del nacimiento del Ecuador; es hablar de los hombres y mujeres valerosos, de carácter pujante, dinámicos y emprendedores. De una ciudad cosmopolita, combativa e impetuosa; el dínamo de la nación y el alma de la Patria.

    Las crónicas de indias ya mencionaban a un pueblo atrevido e indomable que se asentaba a orillas del majestuoso Guayas. Un pueblo temerario y resuelto a defender con su vida la heredad territorial de sus ancestros. Nos referimos al libérrimo pueblo Huancavilca, pacífico por naturaleza siempre y cuando no se mancille su honra y la del pedazo de tierra que los vio nacer. Por este motivo, los conquistadores españoles se vieron obligados a realizar varios intentos frustrados de asentamientos y colonización. La ambición española siempre fue reprimida con sudor, lágrimas y sangre de nuestros heroicos antepasados.

    De esta manera, el 25 de Julio de 1538 a la vera de un pueblo indígena llamado "Guayaquile" nace definitivamente Santiago de Guayaquil. A partir de entonces, luego de 13 años de beligerancia que parecían no tener final, cesan las luchas que un puñado de hombres sostuvo por aferrarse a su río como promesa de vida, movilidad y progreso.

    Para el año de 1542, Guayaquil descansa majestuosa en las faldas del Cerro Santa Ana, iniciando un proceso de crecimiento sostenido, con breves intervalos, provocados por incendios, brotes de pestes o ataques de piratas.

    Sin embargo el férreo e invencible carácter de sus habitantes, herencia innegable del pueblo Huancavilca, jamás permitió que su voluntad incólume se doblegue ante las adversidades. Más bien, luego de cada siniestro, epidemia o embate de los bárbaros, Guayaquil siempre renació como el ave fénix, de sus cenizas al rescate de la Patria.

    Por esa época Guayaquil era ya una pujante ciudad y gozaba de gran fama y poder económico no sólo por su comercio sino por sus astilleros, los más importantes de la costa del Pacífico, en los que desde 1557 se habían construido las primeras embarcaciones.
    Muestra de la extraordinaria capacidad de sus constructores fue el vapor Guayas, que adorna nuestro glorioso Escudo de armas.
    La Revolución de 1820 convirtió a Guayaquil en la primera ciudad de nuestra patria que fue realmente libre e independiente.

    En efecto, proclamada su independencia no volvió a caer jamás, en manos de los españoles ni de protervos improvisados odiadores gratuitos de la ciudad. Hijos insignes de Guayaquil fueron Don José Joaquín Olmedo, José de Antepara, Antonio Elizalde, Lorenzo de Garaicoa, Diego Noboa, Vicente Ramón Roca, José de Villamil, Carlos Julio Arosemena, Jaime Roldós Aguilera, Hugo Ortíz Garcés y cientos y cientos de compatriotas que relievaron la legendaria frase:

    “Guayaquil por Guayaquil y Guayaquil por la Patria”

    Discurso #4


    Discurso #5


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    • #3
      Me encanto el discurso ahora boy si me sirve de tarea

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