Discurso a la Batalla de Pichincha (24 de Mayo de 1822):

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  • Título: Discurso a la Batalla de Pichincha (24 de Mayo de 1822)

    A continuación un discurso corto sobre la Batalla de Pichincha.
    Queridas y queridos compatriotas:

    La Patria está de fiesta, nuestro corazón está de pie, porque celebramos hoy la liberación de Ecuador, que se selló en las faldas del volcán Pichincha, el 24 de mayo de 1822, con la sangre nutricia de nuestros próceres; con el genio, con el espíritu indomable del Libertador Simón Bolívar; con la inteligencia, la integridad y el valor del Mariscal Antonio José de Sucre; con la participación heroica de miles de hombres y mujeres anónimos que pusieron la vida para lograr nuestra primera independencia.

    La batalla del Pichincha se venía librando mucho antes del 24 de mayo, se venía tramando desde tiempo atrás, con los más visibles conspiradores libertarios, como fueron Eugenio y Manuela de Santa Cruz y Espejo, con la palabra incendiaria del primer periódico de la libertad, las “Primicias de la Cultura de Quito”.

    En nuestras luchas independentistas, participaron hombres y mujeres insurrectos que jamás aceptaron la esclavitud, gente común, que decidieron con sus vidas encender la libertad en el vasto territorio de la Real Audiencia de Quito, la ratificaron en cada una de sus comarcas, en cada de sus ciudades principales, en sus valles y sus montes, en su puerto principal, igual que en cada uno de sus pueblos y recintos, en donde la ignorancia y el aislamiento, mantenían el oprobio.

    Los pueblos no olvidan a sus mártires, en Pichincha pelearon en espíritu, renacieron, volvieron a vivir: Quiroga, Morales, Salinas, Riofrío... todos los mártires del 2 de agosto de 1810.

    Saludo emocionado, a todos nuestros héroes, comandados -por supuesto- por el Héroe Niño Teniente Abdón Calderón Garaicoa; por nuestros héroes de Tarqui que bajo el mando del Mariscal Antonio José de Sucre supieron defender la integridad patria; a nuestros héroes de 1941, que en increíbles condiciones llegaron al sacrificio extremo para defender la integridad territorial; a nuestros soldados de Paquisha, Mayaicu, Machinaza, de la Cordillera del Cóndor, que en 1981 supieron resistir la invasión y la agresión; y a nuestros héroes del Alto Cenepa, que en 1995 nos llenaron de gloria al defender, con tanto éxito y con tanto valor la integridad de nuestra Patria.

    En lo personal, termino, recordando al Libertador en su discurso al Congreso de Angostura: “Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión; nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuanto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de Pacificador que me dio Cundinamarca, y a los que el mundo entero pueda dar”.

    ¡Viva Ecuador!

    Discurso #2


    Discurso #3

    Bienvenidos a todos a este solemne acto en conmemoración de un año más de la Batalla de Pichincha. Celebramos hoy, el triunfo de la causa libertaria de la Patria en las faldas del Pichincha, al mando del General Antonio José de Sucre. Oscuras, muy oscuras fueron las épocas de dominio colonial.

    De vientos del pueblo estaban llenas las voces del Precursor Eugenio de Santa Cruz y Espejo cuando convocaba en las calles, en las plazas, en la academia, en los conventos, a través de las publicaciones del “Quiteño libre” del “Nuevo Luciano”, cuando llamaba a conspirar en contra del coloniaje, en contra del sometimiento, del concertaje y la esclavitud.

    Mujeres como Manuela Espejo, Manuela Cañizares junto a Montufar, Quiroga, Cuero y Caicedo, Juan Larrea, miles de patriotas anónimos, formaron el ejército de la libertad. Luego de casi tres siglos de cadenas, el primer grito libertario se lanzó el 10 de Agosto de 1809, en Quito, y un año más tarde, el 2 de Agosto de 1810, los patriotas y el pueblo quiteño, casi inermes, sufrieron la más cruenta venganza del poder colonial.

    Diez años más tarde, la causa independentista alcanzó su primer triunfo, el 9 de Octubre de 1820, en Guayaquil. La victoria final fue conquistada en la Batalla de Pichincha, el 24 de Mayo de 1822. Esta batalla se libró en las nubes, a más de tres mil metros de altura, el cóndor planificaba las escaramuzas, el viejo monte se movía despacio, propiciando el paso de los libertadores, flanqueando las quebradas se escabullía el puma; ayudaban el gorrión y el colibrí. El ejército patriota se encaramó a las escarpadas faldas del Pichincha; venía conformado por la unidad ya que estaba compuesto por soldados oriundos de Guayaquil, Sangolquí, Cuenca, Riobamba, Quito, Daule, Samborondón, Manabí; venían guerreros internacionalistas convocados por Simón Bolívar, desde Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Inglaterra, Perú, Venezuela y otras naciones de América y Europa.

    El ejército republicano llegaba armado de esperanzas, estaba cargado de sueños de un mundo distinto. Alrededor de 3 mil hombres estuvieron al mando del general Antonio José de Sucre. Del otro lado, en cambio, los que defendían la explotación y el miedo, al mando de Melchor Aymerich, apostados en El Panecillo y otros sitios estratégicos de Quito.

    Esta fue, en realidad la primera batalla que libraron en conjunto los pueblos de Latinoamérica, se constituyó en el crisol en el que se fundieron fuerzas y anhelos, sueños y esperanzas de los pueblos llamados a constituir esa nación de naciones, ese pueblo de pueblos, que es la Patria Grande; Patria de los distintos e iguales, de los diferentes pero nunca más desiguales.

    Formaron el ejército nacionalista y emancipador los batallones Paya, Albión, Alto Magdalena, Yaguachi, Trujillo y Piura; los escuadrones Dragones del Sur, Granaderos a caballo de los Andes, de Lanceros, y la Caballería. Los realistas formaron los batallones Primeros de Aragón, Tiradores de Cádiz, Ligeros Cazadores de Constitución y los escuadrones Dragones de Granada, Dragones de Reina Isabel, Dragones Guardia y Húsares de Fernando VII.

    Jamás debemos olvidar que aquella fue una lucha continental, liderada por Simón Bolívar, por San Martín; que constituyó nuestra primera independencia.

    Discurso #4

    Es esencial que nos reunamos hoy para recordar y conmemorar uno de los momentos más trascendentales de nuestra historia como quiteños y como quiteñas, como ecuatorianos y ecuatorianas, como Latinoamericanos. La Batalla del Pichincha que ya hace dos siglos, ocurrió, se produjo muy cerca de aquí, en las faldas del Pichincha, entre las fuerzas patriotas comandadas por el Ilustre Mariscal Antonio José de Sucre y las tropas realistas al mando de Aymerich.

    Batalla en la cual con el triunfo patriota se selló la independencia de nuestro país, hasta entonces conocido como Audiencia de Quito, basta corno motivo para esta celebración, recordar que la batalla del Pichincha fue el punto culminante de un largo proceso de lucha por la independencia, prácticamente tres décadas de lucha por la Independencia, iniciado por ideas, no por intereses económicos, no por cálculos de corto plazo, por ideas, por sentimientos, por profundo amor a la patria, por la ilustración, por ese enorme quiteño que es Eugenio de Santa Cruz y Espejo.

    Esas ideas movilizaron a sus discípulos en la Navidad de 1808, se reunieron para conspirar contra la autoridad española, iniciando un periplo que podemos sintetizar en pocas palabras. El 10 de Agosto de 1809, se instaló una Junta Soberana constituyéndose así el primer gobierno criollo y autónomo de Hispanoamérica en esa época, ésta la revolución de Quito, marcó un momento vital en la toma de conciencia a favor de la libertad, inmediatamente perseguidos y apresados por las autoridades de la Audiencia, una buena parte de ese grupo de ilustrados próceres, junto a centenares de pobladores quiteños, fueron asesinados el 2 de Agosto de 1810.

    Esa escandalosa masacre definió a Quito por la independencia, marcó a Quito, marcó indeleblemente la historia de Quito, de manera que inmediatamente y reunidos en un primer Congreso de Diputados y éstos son los componentes y pasajes de la historia, poco conocidos, solemos conocer hasta el 2 de Agosto de 1810 y parece que después de eso no ocurrió nada, no, todo lo contrario, esa llama prendió en los barrios, en la gente, en los seres sencillos de esta ciudad. El 11 de Diciembre de 1811, ese Primer Congreso de Diputados, resolvió proclamar su autonomía frente al Consejo de la Regencia y el 15 de febrero de 1812 ese mismo Congreso dictó la primera Constitución de Quito, esa estableció el Estado libre de Quito con Ejecutivo, Legislativo, Función Judicial y milicia propias y fue precisamente Carlos Montúfar hijo del Presidente de la Audiencia de 1809, quien defendió con las armas el Estado de Quito, ahí tenemos un elemento de continuidad sumamente importante porque a lo largo de los años siguientes fue enfrentado, perseguido y finalmente fusilado.

    Existe por lo tanto una conexión indisoluble entre la Revolución de Quito y la Batalla del Pichincha, porque si bien en 1809 desde otras regiones del país, se armaron tropas para someter a los quiteños rebeldes. En 1822, las cosas habían cambiado, muchos quiteños, guayaquileños, colombianos, peruanos, muchos latinoamericanos estaban ahora unidos,
    con esas fuerzas patriotas, ya no solamente en la Audiencia de Quito, sino en la patria grande entera. En Pichincha se juntaron venezolanos, colombianos, bolivianos, todos, incluso europeos para dar el triunfo a la libertad y a la independencia, la batalla del Pichincha fue por todo lo anotado una gran batalla latinoamericanista, por una causa común a todos los pueblos que ansiaban conquistar su vida autónoma. Al mismo tiempo Pichincha fue uno de los espacios donde se definía el futuro de la naciente América Latina, porque no se trató de una lucha aislada, sino que formó parte de las grandes batallas que libraron los Americanos para romper el coloniaje, de manera que al nombrar al Mariscal Sucre, tanto como resaltar el nombre de Abdón Calderón, quien murió en el Pichincha, pero vive en nuestros corazones, según reza la frase que ordenó inmortalizar el propio libertador, estamos recordando a miles de patriotas que en Quito y en todo el Continente sujeto al dominio español habían despertado esperanzas de transformación, sueños de libertad, anhelos por construir una patria distinta, con igual espíritu, bajo los mismos anhelos del pasado, hoy nos encontramos en un Ecuador, que afirma su propia soberanía, que consolida su verdadera libertad de independencia y fortalece una democracia enraizada en los intereses de las mayorías y en la participación popular.

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  • #2
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      Anónimo comentó
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      Muchas gracias por el discurso
      Me va servir de mucha ayuda

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